¿Peleamos por lo mismo de siempre? Lo que la repetición dice de nosotros

¿Peleamos por lo mismo de siempre? Lo que la repetición dice de nosotros

Porque las peleas repetitivas rara vez son sobre lo que parecen ser. La discusión sobre quién lavó los platos, o sobre la suegra, o sobre el dinero, casi nunca es solo sobre eso. Debajo hay algo que no ha podido ser dicho ni escuchado: una necesidad no satisfecha, una herida que se activa, un miedo que no tiene nombre. Mientras ese fondo permanezca sin tocar, la pareja seguirá peleando la misma pelea con distintos pretextos.

Pareja y vínculos • PsicoIntegra

“¿Peleamos por lo mismo de siempre? Lo que la repetición dice de nosotros”

La Dra. Delia M. Hinojosa Amavizca explica por qué las parejas se quedan atrapadas en los mismos conflictos y qué esconde ese patrón que parece imposible de romper.


— ¿Por qué tantas parejas pelean siempre por lo mismo, año tras año?

Porque las peleas repetitivas rara vez son sobre lo que parecen ser. La discusión sobre quién lavó los platos, o sobre la suegra, o sobre el dinero, casi nunca es solo sobre eso. Debajo hay algo que no ha podido ser dicho ni escuchado: una necesidad no satisfecha, una herida que se activa, un miedo que no tiene nombre. Mientras ese fondo permanezca sin tocar, la pareja seguirá peleando la misma pelea con distintos pretextos.

— Desde el psicoanálisis, ¿cómo se explica esa tendencia a repetir?

Freud describió la compulsión a la repetición: una tendencia del aparato psíquico a reproducir situaciones dolorosas que no han sido elaboradas. No porque seamos masoquistas, sino porque la psique busca una segunda oportunidad para resolver lo que quedó inconcluso. En la pareja esto se manifiesta de manera muy clara: elegimos a alguien que, de alguna manera, nos permite repetir dinámicas conocidas de nuestra historia vincular. El problema no es que eso ocurra —siempre ocurre— sino que ocurra sin que nos demos cuenta.

— ¿Entonces la elección de pareja también tiene que ver con nuestra historia?

Profundamente. Nos enamoramos de personas que resuenan con algo en nuestro mundo interno, con figuras de nuestro pasado, con lo conocido, aunque lo conocido haya sido doloroso. Esto no es un defecto ni una condena: es la naturaleza del amor y del deseo. Pero cuando esa resonancia no se vuelve consciente, cuando uno no entiende por qué le atrae lo que le atrae o por qué reacciona cómo reacciona, la historia se repite sin posibilidad de cambio.

— ¿Qué señales indican que una pareja está atrapada en un patrón repetitivo?

Varias: que las discusiones escalen rápidamente a una intensidad desproporcionada con respecto al tema que las detonó; que haya frases que se repiten casi textualmente en cada conflicto; que después de la pelea cada uno quede con la sensación de no haber sido entendido; que los intentos de resolver el problema siempre fracasen de la misma manera. También es significativo cuando uno de los dos —o los dos— reaccionan con una emocionalidad que no corresponde al presente, sino que parece venir de otro lugar, de otra época.

— ¿Se puede salir de ese patrón sin terapia?

A veces sí, cuando los dos miembros de la pareja tienen suficiente capacidad de autoobservación, cuando hay comunicación genuina y cuando el patrón no está demasiado arraigado. Pero en muchos casos la repetición tiene raíces profundas que son difíciles de ver desde adentro, precisamente porque son las gafas con las que miramos. La terapia de pareja, o el análisis individual, ofrecen un espacio para ver lo que desde dentro no se puede ver. No para culpar a nadie, sino para entender qué está pasando realmente.

— ¿Qué puede hacer una pareja hoy para empezar a cambiar ese patrón?

Lo primero es acordar una pausa cuando la discusión empiece a escalar: no para evitar el conflicto, sino para no resolverlo desde la adrenalina. Lo segundo es intentar nombrar lo que se siente por debajo de lo que se dice: en lugar de “siempre llegas tarde”, “cuando llegas tarde siento que no soy prioridad para ti”. Esa diferencia entre la acusación y la vulnerabilidad abre posibilidades distintas. Y lo tercero, que no es poco, es preguntarse con honestidad: ¿en qué parte de este patrón soy yo parte del problema? No para flagelarse, sino para recuperar agencia.

Dra. Delia M. Hinojosa Amavizca
Psicoanalista • Especialista en psicoterapia de pareja • PsicoIntegra
Miembro de la Asociación Psicoanalítica Mexicana (APM) e International Psychoanalytical Association (IPA)
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