Crianza y adolescencia • PsicoIntegra
Adolescentes que se encierran: ¿rebelión o señal de alarma?
La Dra. Delia M. Hinojosa Amavizca explica qué hay detrás del retraimiento adolescente y cómo saber cuándo preocuparse y cuándo respetar el proceso.
¿Los adolescentes que se encierran en su cuarto y no quieren hablar: es normal o es una señal de alarma?
Depende, y esa respuesta no es una evasiva: es la respuesta honesta. El retraimiento es parte del proceso normal de la adolescencia. El adolescente necesita separarse, crear un espacio propio, desidentificarse de los padres para construir una identidad propia. Ese proceso casi siempre implica cierto alejamiento, cierta hermeticidad. Hasta ahí, es sano. La pregunta es la intensidad y la duración: hay una diferencia entre un adolescente que se encierra, pero come con la familia, tiene amigos, va a la escuela, y uno que lleva semanas sin salir de su cuarto, sin comer bien, sin ver a nadie.
¿Qué está pasando psíquicamente en un adolescente durante esa etapa?
Algo enormemente complejo y a la vez muy normal. El adolescente está lidiando con un cuerpo que cambió sin pedirle permiso, con una sexualidad que emerge y que todavía no sabe cómo integrar, con la necesidad de pertenencia al grupo de pares y al mismo tiempo con la necesidad de ser único. Está renegociando su relación con los padres: ya no quiere depender de ellos, pero todavía los necesita, y esa contradicción produce mucha tensión. El encierro a veces es simplemente un intento de encontrar un espacio donde todo eso pueda existir sin ser observado ni juzgado.
¿Cuándo el retraimiento deja de ser normal y se convierte en una señal de que algo no está bien?
Cuando se combina con otros signos: cambios bruscos en el sueño o la alimentación, abandono de actividades que antes le gustaban, caída importante en el rendimiento escolar, desaparición de las amistades, irritabilidad extrema o, al contrario, una calma sospechosa. También cuando hay indicios de consumo de sustancias, cuando el adolescente hace comentarios que sugieren que no ve sentido a las cosas, o cuando ha vivido algo significativo — una pérdida, una situación de acoso, una ruptura — y no tiene a nadie con quien procesarlo. En esos casos hay que actuar, no esperar.
¿Cómo acercarse a un adolescente que no quiere hablar?
Con paciencia y sin ser intrusivos. Los adolescentes suelen cerrarse cuando sienten que el adulto viene con agenda: a preguntar, a aconsejar, a solucionar. A veces lo que más ayuda es estar presente sin exigir: compartir un espacio sin hablar de nada importante, mostrar interés genuino por lo que le gusta, aunque uno no lo entienda, no convertir cada conversación en una oportunidad para dar un sermón. La confianza se construye en el día a día, no en una conversación. Y hay que aceptar que muchas veces el adolescente no va a hablar con sus padres sino con alguien más de su generación, o con un adulto fuera de la familia. Eso no es un fracaso: es parte del proceso.
¿Cuándo es el momento de buscar ayuda profesional?
Antes de llegar al límite. Muchos padres consultan cuando la situación ya es urgente, cuando el adolescente ya no va a la escuela o ya hay una crisis evidente. Pero se puede y se debe llegar antes: cuando uno como padre siente que ya no tiene acceso a su hijo, que no sabe qué está pasando y que los intentos de acercamiento no funcionan. La terapia con adolescentes no es para convencerlos de que obedezcan a sus padres: es para darles un espacio donde puedan ser ellos mismos, con todo lo que eso implica, acompañados por alguien que no tiene un rol parental. Eso, para muchos adolescentes, es lo que necesitan.
Dra. Delia M. Hinojosa Amavizca
Psicoanalista • Especialista en psicoanálisis de niños y adolescentes • PsicoIntegra
Miembro de la Asociación Psicoanalítica Mexicana (APM) e International Psychoanalytical Association (IPA)
En PsicoIntegra atendemos a adolescentes y acompañamos a sus familias. Si te preocupa lo que está pasando con tu hijo, agenda una consulta.